El personal se caga en mí porque llevo mes y pico sin actualizar el blog. La verdad es que el blog, del que me preocupé de tunearlo, de ponerle musiquitas, de hacerle su línea argumental… Es secundario. Ahora lo importante soy yo. Por primera vez en año y medio me estoy preocupando de vivir, de reírme, no estoy pendiente de que “a esa otra le va mejor que a mi”, ni de cuándo sale el próximo bus para no sé dónde para ir a ver a no sé quién, y contarle meses y meses en un efímero fin de semana para no volverle a ver en otra larga temporada, alargando algo y aferrándome a un pasado que es eso, pasado. El ordenador ya no está diez horas delante mía –que no yo delante de él-, para que pasen ante mis ojos mensajes de frikis en medio de un silencio sin sentido pocas veces roto por algún momento de distensión. Ese era mi trabajo. No lo odiaba pero se me estaba yendo ya la vida de las manos. Estaba buscando mil salidas y no encontraba nada (¡si es que hasta llegué a pensar que la salida era un novio!). Necesitaba que pasara algo como esto.
Estaba esperando que pasara un tren, y lo he cogido, y lo he hecho bien. No sé qué va a pasar ahora, y no me preocupa lo que va a pasar mañana. No estoy diseñando ningún plan artificial para subirme al carro de algo que no me lo creía ni yo –Irlanda era algo así-, para intentar matar mis ratos de asco, de vacío, de nada. Tenía un fin de semana libre y pasaba, pasaba así en el sofá, viendo la tele, saliendo a comer con mis padres u oyendo la radio en mi habitación. Ya no me acuerdo ni de lo que hacía -¡y hace poco más de un mes!- metida en mi cuarto.
Me gusta mi vida de aquí. Salgo a correr, y veo Marruecos mientras corro, paseo, voy a todos los sitios con poco tiempo, bebo, fumo, me río, me río como hacía mucho que no lo hacía. Me cago en los comercios cuando están cerrados “los días que tú no tenías que trabajar” (Rubén and Leiva said), me indigno cuando tengo que esperar colas en el banco, o en Correos, me bebo tés morunos que están de miedo, hablo con los consejeros por teléfono –que hablan fatal-, me descojono de las paridas de noticias que sacamos en el periódico (eslizón ibérico forever), y de que la competencia es mucho peor que nosotros, me pongo morada de tapas, pongo a parir a gente y alabo a quien lo merece, cotilleo, doy muchos besos y abrazos, y los recibo también, bailo, vomito cuando voy muy pedo como cuando tenía 15 años, canto sola por la calle porque aquí la gente está muy loca y no destaco por ese hecho, insulto a los árbitros en el fútbol. Me puedo tirar 18 horas seguidas sin pasar por casa. La gente confía en mí y me cuenta su vida sin casi conocerme. A veces me arranco yo también y les cuento la mía. Me dicen que he sido muy valiente, yo no me lo creo porque esto no ha sido nada de valor por mi parte, sino un regalo de Dios, o de Alá, o yo que sé de quién. Me dicen también que soy buena gente, que tengo un par de huevos, que aporto positivismo. No me siento sola.
Me acuerdo, casi riéndome, de mis primeros días aquí. Del viaje hasta Cáceres. Del Extre pasado por agua, del trayecto nocturno Cáceres-Algeciras, y de ese Cola-cao a las 5 de la mañana en Zafra, mientras pensaba que ese bus “a lo mejor o a lo peor” cambiaba mi vida. De mis maletas blindadas, de agarrarlas todo el rato pensando que en cuanto llegara aquí me las robaría algún moro. De pasar una montañita y de repente… ¡Gibraltar! Del barco, que no lo disfruté mucho porque estaba deseando llegar. De lo chula que me pareció la ciudad cuando me subí en aquel primer taxi –luego vinieron muchos más, cortesía de El Faro-, del acojone viendo que un coche de policía no multaba a dos pavas que iban en la amoto sin casco (esto es Basora), y de la primera comida con Parodi en el Casino Militar. De los hostales, de “no encuentro puto piso” –ahora puedo elegir entre dos, esperemos que sea para bien, el imprevisible Parodi-, de llorar, pero sabiendo no sé por qué, que tenía que quedarme, aunque mi madre me viera “desastrosamente mal”. Algo dentro me decía que no podía coger el cheque y volverme a mi casa. Quería que me salieran bien las cosas y que me salieran bien aquí.

Mentiría si dijera que echo de menos algo. Lo mejor de todo esto es la imprevisión, la sorpresa, la adrenalina del “lo tomas o lo dejas”. Todo lo que ha pasado antes de llegar aquí me parece que le ha pasado a otra persona, y no a mí. Me da igual. Es todo tan perfecto que a veces da miedo.

Sección chorradas:

“Nunca podrás superar a Nicol’s para el premio a la convivencia. La mujer, cristiana, la amante, hindú, y la hija liada con un moro”. Peña
“¿Cómo se llama tu madre de nombre de pila?” “Duracell”. Armuña.
“El Huesca y el Pontevedra no los quiere el Pirri porque le da miedo el avión”. Juan Carlos, pie de foto aparecido en El Faro.
“¡Que no me llames, coño, que no me llames! ¡Deja de llamarme y fóllate a tu mujer, que está muy buena!” Peña.
“Si juega el Ceuta con el Barakaldo, pillamos la suite del Maria Cristina y hacemos la peli de Emmanuelle”. El Pirri.
“¿Y tú a tu piso te puedes llevar a quien quieras para follar?”. Peña.
“¿Pero tú me vas a decir a mí que has sido subcampeón de España de natación con aletas? ¡Anda ya!” Raúl versus Javi Curado.
“¿Se apellida Parvalán? ¿Pero esa no era la propaganda de la camiseta del Milán?” Armuña.
“¿Alguien sabe la contraseña del ordenador de Juanjo?” “Pon Laarbi Maateis”. Blanca “No, pon Alá es grande”. Armuña.
“Chorlo, tú no estás para cerrar nada: ni puertas, ni urbanos, ni nada”. Martín.
“La Yoli Bel no me coge”. “La culpa, como siempre, es del ordenador”. Pedro
“Hostia, pues para ser un tío el travesti está bueno. Mira qué piernas…” Nicol’s. “Nicol’s le tira a todo”. Martín
“Nos ha llamado un hombre para decir que ha encontrado en su casa una serpiente con patitas”. Carmen. “Carmen, yo voy, pero en cuanto el tío me diga que tiene una serpiente con patas, te advierto que me voy a empezar a descojonar”. Martín.
“Qué, ¿vamos a cantar algo de Navajita Plateá? Parodi, cuando el disco del Singstar Rocks estaba puesto.
“Vamos a ir este fin de semana a un congreso a Madrid para presentar unas propuestas interesantísimas para Ceuta”. “¿Me puede explicar de qué va el Congreso?”. “Pues si te digo la verdad, no tengo ni puta idea”. Armuña conversando con un pavo del CSIF.
“Sé contundente. Muéstrale tu malestar”. Carmen.
“Me gustaría ser bisexual. Yo si fuera tía, me enamoraría de Juanjo”. Armuña.
“Una vez un hombre dueño de 54 burros bajó a manifestarse con los 54 burros al Palacio Autonómico porque no los habían vacunado”. Armuña.
“¿Cómo sipote vamo a subí?” Título de artículo de opinión de Armuña (¡yo también quiero!).
“¿Que vais a abrir el puesto a las seis? Lamentable”. Naiara. “Haz un artículo de opinión: ¿Cómo sipote vamo a vender libros?”. Armuña
“No me jodas que no tiene cara de no follar una mierda”. Julio
“Cuando me marché de aquí, Ceuta era como Teherán”. Julio
“En las carreteras de Marruecos ya han puesto farolas y todo”. Silvia Vivancos a tope con la tecnología punta.
“Mi hijo se va a trajinar a tu hija”. “Cuando mi hija se trajine a alguien, tu hijo ya estará en la cárcel”. Pirri versus Peña.
“Como la Shakira folle igual que baila, te rompe la picha fijo”. Lara.
“Mi picha es chiquitita, pero es muy graciosa”. Armuña.
“Para mí, lo último es empujar. Ligar es como una corrida de todos, primero se dan los pases, y al final es cuando se clava”. Armuña.
(Viendo un documental de imágenes antiguas de Ceuta en la tele local, con una música muy chunga). “Sí, descojónate, descojónate, pero esta mierda la pagamos entre todos”. Armuña.

El blog no sólo refleja tu vida por lo que escribes, sino también por lo que dejas de escribir porque prefieres vivirlo.