David el de mi curro insiste en que Donostia es la cuna del gafapastismo. Hemos tenido un intenso intercambio de mails en nuestro horario laboral, y le he hecho ver que no, que si hay dos cunas del gafapastismo (además de los FNAC y estudios de diseño gráfico de este país), son las facultades de Periodismo de Pamplona y Salamanca. Llenas de gente que aspira a vivir en Madrid o BCN (no mola ser gafapasta de provincias), pero con estas facus ‘cool’ como paso previo y necesario para la socialización con otros poppies (y así ya te puedes pirar con el pack compañeros de piso a Madrid, a trabajar como becario en el programa de AR –caso absolutamente verídico-).

De hecho, yo era un proyecto absoluto de gafapasta –Nayer apuntando maneras-, y claro, llegar a la UNAV podía o convertirme definitivamente en uno, u odiarlos a muerte, que es lo que finalmente ha ocurrido. Cuando hice Bachiller, yo era una flipada de lo britpopero (Oasis, The Verve y cía) y del pop español llamado alternativo e independiente (autodenominado, claro. Ellos no tienen coche, tienen coche independiente; no tienen abuela, tienen abuela independiente, no te jode…): vamos, que me molaban (y siguen molándome) los Planetas y los Piratas, un poquito de Deluxe por allá… Sin embargo, mi vestuario era ciertamente borroquil (todavía recuerdo con disgusto aquel flequillo, y cuando me dio por teñirme de caoba), y mis formas las de una Choni absoluta. Como tengo pueblo, me mola Camela cuando lo ponen en los autos de choque (o en cualquier lugar, vamos, y el que diga que no, miente, porque SUS VIDEOCLIPS SON LA HOSTIA, e incluso han recibido premios por ellos, y no precisamente de la AA.VV del barrio de Triana en Sevilla…). Y también me pongo la Maxima y la Loca FM –y no por ello tomo éxtasis líquido cuando salgo-. Vamos, que soy una mezcla churrimerinesca, un soy-no soy.

Me flipé cuando veía a la gente con camisetas de Oasis, de Muse ahí en FCOM… Yo decía: ‘Independientemente –adjetivo a usar siempre que se pueda-, de las ideas religiosas, aquí estoy en mi hábitat. Soy una moderna guay. Dentro de cuatro días hablo inglés por los codos, convenzo a cuatro fumetillas para pirarnos a Londres y pasamos los domingos haciéndonos pirsins en Camden Town, y luego nos vamos de pintas al Soho’.

Pero las hordas modernillas me ganaron, aparte de porque me fui juntando con gente de una tendencia, quizá más acentuada hacia lo punkarra (que me encanta aunque no me sienta partícipe)proveniente de la UPNA, y que les quería mucho por cierto (esos conciertos de Lendakaris y Tijuana), porque otro tipo de cosas (aparte de mi ropa no muy trendi y mis formas calorras) me delataban. Así que nunca más pude ser una de ellos. Pero eso sí, nunca renegué de Planetas aunque el que fue grupo de mi adolescencia absoluta –Oasis- viva una decadencia que da casi tanto miedo escuchar un disco nuevo suyo cada vez que lo sacan como tener a un mono con una bayoneta dirigiendo el disparadero justo a tus sesos… ¡Dios mío! Por no hablar de mi afición al Kalimotxo, esa bebida poco cool. Y de que no tengo ni idea de artes en general (solo veo cine español, no por nada sino porque el extranjero no me gusta, os lo digo en serio; no controlo de pintura –ganar tres años el concurso infantil de mi barrio no quiere decir nada-, ni de literatura, ni de escultura, y odio los museos). De la Rica –el primer profe gafapasta que te encontrarás a lo largo de tu vida en FCOM-, ya hace vislumbrar al alumnado quién vale para moderno y quién no. Especialmente recomendados, los míticos relatos breves de Raymond Carver… Postmoderno que te mueres. Por no hablar del cura de Antropología. Este tío era listo: al ver que nunca podría hacer ultracatólicos de nosotros, como sabía que íbamos de grunchis, nos ponía música y vídeos acordes al ‘espíritu rebel’ que destilábamos (Matrix, Radiohead, REM, Coldplay –algunos me pidieron el disco…-:) una forma cualquiera de pensar en lo guay que era tu Uni, vamos. Una engañachufla como aquella en la que caímos al hacer la matrícula, cuando pensábamos que por pagar un kilo al año el mismo día en que recogías el título te ponían ahí a firmar tu primer contrato laboral. Claro que aquí aún no conocíamos la inescrutable realidad de los programas PIE

Si me quedaba alguna posibilidad de integración –tras la cagada de acudir borracha a un examen de Historia Universal, amén de a alguna que otra clase y desconociendo el nombre de directores de cine iraní, las probabilidades para ello eran del 0’1%-, éstas terminaron totalmente con las dos asignaturas ‘hueso’ para el público mainstream y aspirantes a Matrícula para el gafapasta: Historia del Arte (con el segundo profesor gafapasta de la carrera –Latorre-), y Comunicación Audiovisual (vale, también había Antropología II, con el mismo cura que antes, lo que pasa que en este caso en el segundo semestre se hacía un trabajo escrito en el que con base en libros sobre el sentido de la vida, podías sacar a relucir todas tus tendencias autodestructivas, frustraciones, y problemas de identidad en general –como si fueras un Emo, vaya, solo que en esta época aún no existían ni Tokio hotel, mainstream; ni My Chemical Romance, su estandarte-. Si los museos me gustaban poco, Gombrich y sobre todo las interpretaciones de Latorre (¿cómo cojones quiere un tío que le tomemos en serio cuando hablaba de ‘desnudos sensualotes’?? Anda, no me jodas…), hicieron que ni pisara los museos de cera ni ningún museo en general. Me la pela que los gafapastas sepan dar un sentido artístico al retrete de Duchamp. Lo de Comunicación Audiovisual ya era otra historia. Era la típica asignatura en que desde que ves la portada del manual, sabes que no vales para ella (aún hoy sigo sin saber la diferencia entre plano, toma y lo otro que no me acuerdo como se llamaba), es decir, que vas a sacar un tres o así (y en un puto test, para más INRI). La Virgen con el puto montaje del vídeo de los bomberos de Aoiz (con música de U2, mainstream a tope). Pero lo mejor fue el ciego pre-examen final de Audiovisual (tenía que sacar un siete para aprobar y lo hice). Es que es de lo mejorcito de la vida en plan ‘venga, vamos a echar una cervecita’, y acabar en el Tótem. Glorioso (pero pasando antes por Portales, la madre de los bares poppies pamploneses).

Bien, las calificaciones del primer ciclo de carrera en estas asignaturas clave determinan quién es gafapasta, quién simplemente ‘modernillo de FIB’ y quién un marginado social. Si no estás definido categóricamente a estas alturas, o estás en un grupo que no te mola; lo tienes jodido para cambiar. Pero, si formas parte de los elegidos, te deleitará esa asignatura llamada ‘Fundamentos culturales de la comunicación III’, con ‘El atormentado’ (creo que su nombre real era Antonio, pero tampoco lo puedo jurar), y que conste que me caía bien… Sobre todo las disertaciones que se echaba cuando iba taja, y cuando leía poesía en voz alta de Brodski en versión original (en ruso, vamos). Este no era gafapasta (no llevaba gafas), sino directamente friki, pero un crack vaya. Aunque solo pensar en las hermanas Brönte –alguien las votó como delegadas de clase- y el Apocalipsis Now –Sandra y yo pensamos en comprar napalm en los chinos de abajo para suicidarnos durante su visionado- me entra urticaria. Aunque debemos reconocer que ‘El guardián entre el centeno’ es un libro cojonudo.

Bien, llegamos ya a cuarto. A este nivel, el cambio de chaqueta ya es imposible, y las conversaciones entre gafapastas en la cafetería alcanzan ya el culmen del nietzscheismo, mientras tú no te enteras de nada y el capullo con la chaqueta pana, el iPod y la camiseta de la mítica portada de disco del plátano de la Velvet, te habla de la conceptualización del jamón con chorreras.

Bueno, me he enrollado más de lo que pensaba al principio, así que sólo añadiré un buen comentario leído en viruete, firmado por el capitán melenas, debajo del post sobre mitos gafapasta.

Los Planetas para mí son el grupo "de acceso" por definición, como la gama de acceso de los coches o las cámaras, las más baratas y fáciles de usar. Me explico: cuando un jovenzuelo de pueblo llega a la facultad de comunicación de la universidad de Salamanca, sufre una transformación y pasa de ser un cateto más de la España profunda a ser un modernillo fan indiscutible de Los Planetas, cinco años después, cuando le preguntes te contestará ¿Los Planetas? son un peñazo y al cantante no se le entiende. Todos hemos tenido uno de estos cerca.