David el de mi curro insiste en que Donostia es la cuna del gafapastismo. Hemos tenido un intenso intercambio de mails en nuestro horario laboral, y le he hecho ver que no, que si hay dos cunas del gafapastismo (además de los FNAC y estudios de diseño gráfico de este país), son las facultades de Periodismo de Pamplona y Salamanca. Llenas de gente que aspira a vivir en Madrid o BCN (no mola ser gafapasta de provincias), pero con estas facus ‘cool’ como paso previo y necesario para la socialización con otros poppies (y así ya te puedes pirar con el pack compañeros de piso a Madrid, a trabajar como becario en el programa de AR –caso absolutamente verídico-).
De hecho, yo era un proyecto absoluto de gafapasta –Nayer apuntando maneras-, y claro, llegar a
Me flipé cuando veía a la gente con camisetas de Oasis, de Muse ahí en FCOM… Yo decía: ‘Independientemente –adjetivo a usar siempre que se pueda-, de las ideas religiosas, aquí estoy en mi hábitat. Soy una moderna guay. Dentro de cuatro días hablo inglés por los codos, convenzo a cuatro fumetillas para pirarnos a Londres y pasamos los domingos haciéndonos pirsins en Camden Town, y luego nos vamos de pintas al Soho’.
Pero las hordas modernillas me ganaron, aparte de porque me fui juntando con gente de una tendencia, quizá más acentuada hacia lo punkarra (que me encanta aunque no me sienta partícipe)proveniente de
Si me quedaba alguna posibilidad de integración –tras la cagada de acudir borracha a un examen de Historia Universal, amén de a alguna que otra clase y desconociendo el nombre de directores de cine iraní, las probabilidades para ello eran del 0’1%-, éstas terminaron totalmente con las dos asignaturas ‘hueso’ para el público mainstream y aspirantes a Matrícula para el gafapasta: Historia del Arte (con el segundo profesor gafapasta de la carrera –Latorre-), y Comunicación Audiovisual (vale, también había Antropología II, con el mismo cura que antes, lo que pasa que en este caso en el segundo semestre se hacía un trabajo escrito en el que con base en libros sobre el sentido de la vida, podías sacar a relucir todas tus tendencias autodestructivas, frustraciones, y problemas de identidad en general –como si fueras un Emo, vaya, solo que en esta época aún no existían ni Tokio hotel, mainstream; ni My Chemical Romance, su estandarte-. Si los museos me gustaban poco, Gombrich y sobre todo las interpretaciones de Latorre (¿cómo cojones quiere un tío que le tomemos en serio cuando hablaba de ‘desnudos sensualotes’?? Anda, no me jodas…), hicieron que ni pisara los museos de cera ni ningún museo en general. Me la pela que los gafapastas sepan dar un sentido artístico al retrete de Duchamp. Lo de Comunicación Audiovisual ya era otra historia. Era la típica asignatura en que desde que ves la portada del manual, sabes que no vales para ella (aún hoy sigo sin saber la diferencia entre plano, toma y lo otro que no me acuerdo como se llamaba), es decir, que vas a sacar un tres o así (y en un puto test, para más INRI).
Bien, las calificaciones del primer ciclo de carrera en estas asignaturas clave determinan quién es gafapasta, quién simplemente ‘modernillo de FIB’ y quién un marginado social. Si no estás definido categóricamente a estas alturas, o estás en un grupo que no te mola; lo tienes jodido para cambiar. Pero, si formas parte de los elegidos, te deleitará esa asignatura llamada ‘Fundamentos culturales de la comunicación III’, con ‘El atormentado’ (creo que su nombre real era Antonio, pero tampoco lo puedo jurar), y que conste que me caía bien… Sobre todo las disertaciones que se echaba cuando iba taja, y cuando leía poesía en voz alta de Brodski en versión original (en ruso, vamos). Este no era gafapasta (no llevaba gafas), sino directamente friki, pero un crack vaya. Aunque solo pensar en las hermanas Brönte –alguien las votó como delegadas de clase- y el Apocalipsis Now –Sandra y yo pensamos en comprar napalm en los chinos de abajo para suicidarnos durante su visionado- me entra urticaria. Aunque debemos reconocer que ‘El guardián entre el centeno’ es un libro cojonudo.
Bien, llegamos ya a cuarto. A este nivel, el cambio de chaqueta ya es imposible, y las conversaciones entre gafapastas en la cafetería alcanzan ya el culmen del nietzscheismo, mientras tú no te enteras de nada y el capullo con la chaqueta pana, el iPod y la camiseta de la mítica portada de disco del plátano de
Bueno, me he enrollado más de lo que pensaba al principio, así que sólo añadiré un buen comentario leído en viruete, firmado por el capitán melenas, debajo del post sobre mitos gafapasta.
Los Planetas para mí son el grupo "de acceso" por definición, como la gama de acceso de los coches o las cámaras, las más baratas y fáciles de usar. Me explico: cuando un jovenzuelo de pueblo llega a la facultad de comunicación de la universidad de Salamanca, sufre una transformación y pasa de ser un cateto más de la España profunda a ser un modernillo fan indiscutible de Los Planetas, cinco años después, cuando le preguntes te contestará ¿Los Planetas? son un peñazo y al cantante no se le entiende. Todos hemos tenido uno de estos cerca.

Majo
3 abr 2008 | 07:24 PM
Jajajajajaajiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Yo fui gafapasta!!!!!!!!!!!!
que queres que te diga eran tan irresistibles como un I-Pod para los ultras de la modernidad.
Esas formas cuadradoredondeadas, esos plásticos nobles ni muy brillantes ni muy mate, con sus colores acuosos, esas chaturas minimalistas. Ah! la modernidad. La modernidad es pura promesa.
myrnâ
16 nov 2008 | 12:58 PM
Buenísimo Nayermasterrrrrrrrrr!!!
Que gusto leerte de verdad, hija!dices verdades como puños!